lunes, 15 de junio de 2015

Evocación del Amigo

Tan poco sé de ti
aunque sé que me escuchas,
desde la hoja que tiembla
entreabriendo su alma
a los dedos del viento;
desde el rayo de sol
que penetra mis labios
y conecta mi sangre
al hilo omnipresente
de tu sangre
en el aire;
desde el azul del cielo
que destila insistente
tu inmanencia redonda
bajo la tibia bóveda
de la tarde
y la hora.

Aquí junto a mí estás,
hermano,
íntimo desconocido
al borde de mi llanto
fundido con la brisa.

Aquí, que me comprendes;
lo llora conmovida
la elocuente confidencia
del agua con la piedra,
amiga susurrante que se abraza a mi amargura,
voz ancestral que se enreda con mi pena
y enciende por los árboles
miradas de consuelo
y manos de caricias.

No, eres tú con certeza;
tu voz que se entreteje
con el vuelo del pájaro,
que revive en el frío
soplo sobre mi nuca.

Me lo dices, amigo...
desde tu casa de aire,
sol y melancolía.
Desde este atardecer
del mundo
y esta eternidad de ahora.

Conmigo estás,
cruzando mis entrañas
con este vago aroma
de laurel y de mirto...
que me respiras
desde tu solidaridad
sigilosa, inminente,
transparente, amorosa,

dulce desconocido,
presente compañero
que insistes con tus besos
de camarada fiel,
ardorosa
y tiernamente,
infaliblemente...

Vivo.




(Junto a la estatua
de Rainer Maria Rilke
que mira al atardecer...
en Ronda)

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