martes, 28 de julio de 2015

Y no te Tengo...

Y no te Tengo…
porque ¿qué es Tener?
Todo fluye por el cauce
imparable
de la sangre:
rama del Amor nuevo,
limo del Dolor viejo…

Y creemos
que algo acecha en la orilla,
que suspira,
que contempla.
Vertical como un árbol
opuesto a la corriente,
enhiesto como roca…
y que el agua desgasta
dejando por su rostro
las cicatrices mudas
de los líquenes.

Pero no.
Horizontal
es nuestro impulso.
Se nos diluyen
permanentemente
los ojos y los huesos
al afán de la corriente.
Nos vamos deshaciendo,
deshojando,
derritiendo.
Dejando atrás el espejismo
de que fuimos torre,
de que fuimos tallo.

Nos vamos.
Nos vamos, amor mío.
¿Cómo retener entonces
el toque fugaz de tu transcurso…
hecho espuma de beso
un instante…
sobre el estremecimiento
de mi orilla?

Imposible.
Vete tú por tu senda
de risa y desconsuelo,
de ardor y de agonía.
De mi Belleza tuya.
¡Que con tanto sufrimiento
anhelo
fundida con mi sangre!
¡Que fuera para siempre
el mismo curso de la sangre mía… !

Sólo el Mar, amor mío.

Sólo él puede salvarnos.

Hasta luego…

Te espero.

lunes, 15 de junio de 2015

Evocación del Amigo

Tan poco sé de ti
aunque sé que me escuchas,
desde la hoja que tiembla
entreabriendo su alma
a los dedos del viento;
desde el rayo de sol
que penetra mis labios
y conecta mi sangre
al hilo omnipresente
de tu sangre
en el aire;
desde el azul del cielo
que destila insistente
tu inmanencia redonda
bajo la tibia bóveda
de la tarde
y la hora.

Aquí junto a mí estás,
hermano,
íntimo desconocido
al borde de mi llanto
fundido con la brisa.

Aquí, que me comprendes;
lo llora conmovida
la elocuente confidencia
del agua con la piedra,
amiga susurrante que se abraza a mi amargura,
voz ancestral que se enreda con mi pena
y enciende por los árboles
miradas de consuelo
y manos de caricias.

No, eres tú con certeza;
tu voz que se entreteje
con el vuelo del pájaro,
que revive en el frío
soplo sobre mi nuca.

Me lo dices, amigo...
desde tu casa de aire,
sol y melancolía.
Desde este atardecer
del mundo
y esta eternidad de ahora.

Conmigo estás,
cruzando mis entrañas
con este vago aroma
de laurel y de mirto...
que me respiras
desde tu solidaridad
sigilosa, inminente,
transparente, amorosa,

dulce desconocido,
presente compañero
que insistes con tus besos
de camarada fiel,
ardorosa
y tiernamente,
infaliblemente...

Vivo.




(Junto a la estatua
de Rainer Maria Rilke
que mira al atardecer...
en Ronda)

Alfonsina y el Mar

Sal que duele en los ojos,
ímpetu de mi llanto
que la mano de tu voz
vuelca sobre la arena,
oleaje angustiado
que devuelve su cuerpo
a la orilla deshecha
en espuma quemante
de mi rostro.

Vuelve,
sube del fondo marino,
reúne su tormento
de pez y caracola,
algas y gaviotas,
compone el barco desguazado
de su sufrimiento…
y lo iza por el aire,
cruza nudos y millas,
torbellino
que llega con tu cantar
al puerto
de par en par desconsolado
de mi pecho

Allí la acuno y la recibo,
víctima aún doliente
de la aterradora tempestad
de la vida.
Beso su cabellera para siempre,
para siempre en mi boca,
su frágil cintura quebrada
por la lanza
del Amor insatisfecho,
la Ternura inexpresada,
el Infinito clamando
represado
en su diminuto corazón inmenso.

Y me alimento de la carne
-por tu música…-
de la Amante sin cuerpo,
la vencida Enamorada eterna
en el fondo del olvido…

pero con tu canción
devuelta
para siempre…
al presente interminablemente
vivo

de mis lágrimas.




(A mi hermano,
que con su versión
de “Alfonsina y el Mar”
hizo posible
el milagro…
del Recuerdo)